Heridas. Capítulo II. La quinta herida
I Al cerrar el capítulo anterior, la cuarta herida nos dejaba ante una inteligencia artificial capaz de igualarnos en razonamiento, composición, diagnóstico, conversación y creatividad sin que para ello necesitara conciencia. El golpe era ya considerable, porque afectaba a casi todo aquello que durante siglos habíamos colocado bajo el rótulo de lo humano superior: pensar, inventar, relacionar, traducir, reconocer patrones, imaginar soluciones. Y, aun así, quedaba una última habitación cerrada. Podíamos seguir diciendo que una inteligencia artificial razona sin sentir, responde sin padecer, conversa sin biografía, produce lenguaje sin que nada en ella tiemble. Frente al avance de los algoritmos, ese ha sido durante los últimos años el refugio más íntimo de nuestra excepcionalidad: la primera persona, la alegría y el dolor, la memoria encarnada, el sobresalto ante la belleza, el miedo que acelera el corazón, la carne que acusa el golpe antes incluso de comprenderlo. Pero una herida ...