Gráficas en la universidad: la cómoda mediocridad de la tarta y la barra
En la universidad y en el mundo académico hay un fenómeno curioso: una resistencia casi visceral a salir del estrecho repertorio de gráficas de siempre. Si abrimos un artículo, una tesis o una presentación en un congreso, lo más probable es que nos encontremos con dos grandes protagonistas: la tarta y la barra. Es como si el resto de posibilidades —diagramas de flujo, mapas de calor, Sankey, dendrogramas o treemaps— no existieran. Son como las dos viejas amigas que siempre están invitadas, aunque ya no tengan mucho que aportar. ¿El problema? Que esa elección no suele venir de una reflexión consciente, sino de la costumbre y la inercia. Muchos académicos abren el programa de turno, seleccionan «insertar gráfico» y se quedan con la primera opción que aparece en el menú. No es tanto una falta de recursos —porque hoy hay herramientas fantásticas para visualizar datos—, sino una falta de formación y, a veces, de interés. La idea dominante sigue siendo que lo que importa son los n...